viernes, 5 de marzo de 2010

quiero ser


Quiero ser música, poseer cada vibración, adueñarme del sentido de cada silencio y fluir en cada sonido, en cada fibra de mi ser, ahora musical, despertar para dormir, cantar y callar, reír y llorar al mismo tiempo, destrozar, desgarrar y acariciar... Quiero ser una melodía triste, melancólica, capaz de producir dolor y rabia, y a la misma vez surgir  como tormenta de quietud, empapándolo todo de una calma serena y limpia, y así desbordarme sobre un tímpano, o dos, o tres, o los que sean...

Comunicarme sin palabras, con los ojos abiertos o cerrados, da lo mismo, ¿qué me importaría que no me entendieran si yo fuera música? sí; bella, intocable, invisible, etérea, estimulándolo todo a mi paso, ¡estruendosa! con notas altas, ¡altísimas!, ¡qué me importaría mi estatura si yo fuera música!... Sí, una melodía entre los dedos de un pianista,  una pieza nocturna que aparece a la luz de la luna y bajo las estrellas de un cielo profundamente oscuro.

Y no quiero terminar por allí en algún pentagrama, no, yo no cabría, enjaulada entre eso que llaman do, re, mi, entre líneas y corcheas ¡No! quiero ser libre, única, nacer una sola vez y después desvanecerme, existir, para después perderme entre las incontables melodías que surgen sin que nadie se dé cuenta.

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