domingo, 20 de junio de 2010

deja vú

Esa noche esperábamos afuera de la catedral, el cielo oscuro y profundo nos dejaba ver claramente las estrellas y  la copa del árbol que estaba sobre nosotros, yo descansaba sobre sus piernas y él enredaba mi cabello en las puntas de sus dedos, nos platicábamos la noche, nos empezábamos a extrañar sin separarnos. No mencionábamos la tristeza, no nos dejábamos llorar, sólo reíamos mientras sentíamos el viento caliente y seco quemarnos las mejillas, nos burlábamos de estar allí… esperando, una vez más, como lo veníamos haciendo desde el día en que nos conocimos.  Esperabamos, cuando descubrimos, la gran sala de espera que es la vida.  

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